El bodeguero David Marcos investiga el efecto en el caldo asturiano de tres clases diferentes del árbol francés.
Cangas del Narcea, 26 de agosto de 2008
Pepe RODRÍGUEZ
El camino de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Vino de la Tierra de Cangas está marcado por la necesidad de experimentar con las variedades autóctonas hasta ser capaces de hacer de este producto algo lo más diferenciado posible en un mercado global. Así piensan todos los dirigentes y bodegueros de la comarca y a ello se están dedicando en los últimos años.
De esta forma, David Marcos Antón, propietario de Bodegas Obanca, lanzó al mercado un vino muy especial, el Castro de Limes, formado por uvas de una sola viña y de una sola variedad, el carrasquín, que se llevó grandes halagos por parte de la crítica especializada y de los aficionados al vino en general. En el mismo sentido, David Marcos ha afrontado ahora una inversión en tres clases diferentes de roble francés para valorar su aportación a tipos de uvas autóctonas muy concretas.
Según David, «el objetivo es valorar qué clase de madera sienta mejor a las variedades pertenecientes a la IGP; hemos traído roble francés del norte, del centro y del sur de tres bodegueros diferentes y hemos usado la tipicidad de nuestras uvas para hacer la valoración final. Las botellas saldrán al mercado perfectamente especificadas y, así, veremos cuál prefiere la gente, cuál tiene mejor resultado en general y, a partir de ahí, seguir invirtiendo en lo que mejor resultado dé, abrir una vía por la que continuar».
La labor comercial llevada a cabo por Bodegas Obanca permite que su vino se venda al completo, máxime si hablamos de de su producto estrella, el Castro de Limés, y de vino blanco, el más apreciado de entre los pertenecientes a la IGP.
Es por eso que a David Marcos lo que más le preocupa es cómo aumentar la producción y la superficie de viñedos: «Este año tiene que haber una buena cosecha, y la va a haber, ya está bien de mala suerte como la piedra que cayó el año pasado a finales de agosto. Esperamos aumentar la producción en unas 3.000 botellas, pero sigue siendo poco, tenemos que aspirar a producir mucho más vino porque el mercado lo absorbe con mucha facilidad».
Es por eso que se están recuperando viñedos viejos, pero con gran potencial, como son las fincas de las zonas de Tremao, Carballo y Tebongo que servirán para aumentar 5.000 metros cuadrados plantados, exclusivamente, con albarín blanco: «Sin duda es la variedad del futuro».
En el terreno de la estrategia a seguir, la canguesa Bodegas Obanca pretende hacer un vino blanco de un nivel de calidad superior al actual y se enmarcará dentro de la línea en la que se enmarca Castro de Limés, con el sobrenombre de Oro Cantábrico.
«Es que es un vino que no se podrá hacer en ningún otro sitio, por más que se plante albarín blanco en otras zonas no saldrá nunca como sale aquí por la tipicidad del terreno y del clima. Y es un vino excepcional, diferente, muy fácil de vender», añade el bodeguero. A la promoción también ayudará la inclusión de la comarca en las rutas del paraíso auspiciadas por la Dirección general de Turismo del Principado: «Es algo buenísimo porque servirá de apoyo a toda la labor que se está llevando para meternos en el mercado».
El Vino de la Tierra de Cangas prepara el gran salto de pasar de Indicación Geográfica Protegida a Denominación de Origen y eso supone la necesidad de tomar una serie de medidas estratégicas para que la ruta a seguir sea meridianamente clara y el trabajo alcance su mayor rendimiento.
