VIÑEDOS OBANCA SUSTITUYE LOS DEPÓSITOS METÁLICOS POR TONELES DE MADERA
Alejandro ÁL
VAREZ, LNE
La madera siempre ha desempeñado un papel decisivo en la evolución de los vinos. Una barrica de roble influye de forma determinante en la crianza del vino; sobre todo, si éste tiene una personalidad acusada, una estructura prometedora y una saludable riqueza tánica. Viñedos Obanca, una de las seis bodegas adscritas al sello de calidad que otorga la Indicación Geográfica (IG) del Vino de la Tierra de Cangas, se ha liado la manta a la cabeza y ha tirado la casa por la ventana. En sus bodegas, situadas en el barrio cangués del Carrascal, reposan, a la espera de ver la luz en forma de vino, 25.000 kilos de uva calificada de las variedades de carrasquín, albarín tinto, verdejo y albarín blanco; el triple que en años anteriores.
Para fermentar toda esta uva, la bodega se ha visto obligada a ampliar sus instalaciones y a adquirir tres nuevos depósitos, que, a diferencia de lo que había venido ocurriendo hasta ahora, no son de metal, sino de roble francés. Dos de ellos, explica David Marcos, máximo responsable de Obanca, son troncónicos, con capacidad para 2.000 litros cada uno. El otro, ovoide, se utilizará sólo para la producción de blanco y alberga hasta 2.100 litros.
«Estos nuevos depósitos nos permitirán emplear el bazuqueo (romper el sombrero con una pala), en vez de remontar el mosto, durante el proceso de fermentación, señaló el bodeguero.
Pero eso no es todo. Dada la gran acogida que ha cosechado su caldo estrella, Castro de Limés, entre los paladares más sibaritas -llevan desde septiembre sin existencias-, en Viñedos Obanca han echado el resto y han adquirido 12 toneles de roble francés; siete con capacidad para 225 litros, dos de 300 y uno de 500, éste último para la crianza del albarín blanco.
Con el roble, según explica este bodeguero, los vinos se redondean y pierden astringencia en contacto con la madera. «El roble aporta taninos y polisacáridos (azúcares)», subraya Marcos. Estas barricas, curvadas al fuego, experimentan una degradación de la lignina, que comunica al vino un atractivo aroma especiado de vainilla. Se puede decir, en general, que la crianza en barrica o en bota permitirá que el vino reciba un aporte moderado de oxígeno; al contrario de lo que ocurre en los grandes toneles, donde el vino reposa casi sin intercambio activo con el exterior.
Todos los análisis (físico-químicos y sensoriales) demuestran, según este bodeguero, que el roble ofrece ventajas decisivas en la crianza de los vinos: los defiende mejor del desarrollo de la acidez volátil y favorece la fermentación maloláctica y la evolución de los pigmentos, taninos y polisacáridos.
«La barrica de roble podría tener una importancia decisiva en la crianza de nuestros vinos. No debemos olvidar que una parte de los componentes de estos vinos procede de la madera, donde se forman aldehídos aromáticos producidos por la degradación de la lignina», detalló Marcos.
Este ambicioso proyecto, para el que se utilizarán tres tipos de roble procedente del norte, el centro y el sur de Austria, permitirá averiguar los comportamientos de un mismo caldo ante los distintos tipos de madera. Del resultado de este estudio, según el máximo responsable de Viñedos Obanca, dependerá el tipo de roble en el que se invierta en el futuro. «A finales del verano sabremos cuál es el camino a seguir», aseguró.
De los 15.000 litros que se van a poner en el mercado este año, 10.000 serán de Obanca tinto, 2.000 de Castro de Limés y 3.000 de blanco.