EL VIAJERO (EL PAÍS), 21 DE JUNIO DE 2008

VINOS EN LA TIERRA DE LA SIDRA

El valle del Narcea

 

CARLOS DELGADO

 

El 25 de mayo de 2001, la Consejería de Medio Rural y Pesca del Principado otorgaba carta de naturaleza a los vinos que, con más o menos buena voluntad, se venían elaborando en los concejos de Cangas del Narcea, Allande, Grandas de Salime, Illano, Pesoz e Ibias, iniciándose así un proceso de modernización de los viñedos y formación de los viticultores. Se crean plantaciones nuevas, se acondiciona el terreno, se recuperan variedades autóctonas? Es el renacimiento del vino local en las tierras de la sidra. Que Asturias, una de las mayores consumidoras de vino de nuestro país, fundamentalmente rioja, recupere su viñedo histórico del valle del Narcea, bajo la indicación geográfica Vino de la Tierra de Cangas, es un pequeño pero significativo hito en la moderna historia vitivinícola española, cuando de nuevo flota el fantasma del arranque de viñedo.A su favor tienen que se trata de una viticultura de alta montaña, en un paraje de ensueño, con la cepa en bancales de fuerte pendiente, dibujando las arrugas del terreno abrupto y salvaje. Sus ringleras de viejas y nuevas cepas, que los agricultores cuidan como parte de su propio cuerpo, impresionan y emocionan. La zona se beneficia de un microclima muy peculiar, con menos pluviometría y más horas de sol que ninguna otra parte de Asturias. Un entorno de gran belleza que conoció tiempos de gloria cuando los monjes benedictinos fundan el monasterio de San Juan Bautista de Corias, a comienzos del siglo XI, convirtiéndose durante el medievo en una zona productiva destacada. A principios del pasado siglo, la zona llegó a contar con casi 2.000 hectáreas de viñedo. Con el tiempo y la irrupción de la minería del carbón, cambiaron las costumbres. Pero, historias aparte, lo cierto es que en el valle del Narcea, al suroeste de Asturias, se dan los ingredientes necesarios para elaborar vinos de fuerte personalidad, en base a sus variedades autóctonas, particularmente la carrasquín, uva capaz de regalar singulares aromas frescos a frutillos silvestres adornados de perfumes florales y enriquecidos con notas de sotobosque. Logro que exige un gran rigor vitícola, que la viña esté bien cuidada y la cepa haya alcanzado suficiente edad. Cuando esto ocurre, los vinos superan el notable, como lo ha demostrado la bodega Viñedos Obanca con su tinto Castro de Limes. Una agradable sorpresa enológica en su día, que está sirviendo de acicate al resto de las cinco bodegas presentes en la zona.

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